Con su imagen alejada de los protocolos, discursos y frases de paisano que se convirtieron en virales, se posicionó en la escena internacional y le dio visibilidad a Uruguay como ningún otro presidente desde el retorno a la democracia lo había hecho.
Como contrapartida, mientras en el exterior era recibido como una estrella de rock, en la política de cabotaje cosechaba a diario críticas de opositores y, en algunas ocasiones, también de oficialistas.
Sin giro y con menos desempleo
En la campaña que lo puso como presidente, los grupos que lo apoyaron, sobre todo su MPP y los comunistas, promovieron un “giro a la izquierda” en la política económica. Si bien ese viraje no llegó, el mantenimiento del rumbo macroeconómico impulsado por el vicepresidente, Danilo Astori, le permitió al gobierno exponer la reducción del desempleo hasta 5,4% y de la pobreza a 11,5%.
Lejos del “giro a la izquierda” prometido, el segundo gobierno del FA apostó a la inversión extranjera. Pero más allá de lo económico, “el afán arquitectónico y refundacional de la izquierda”, al decir de Garcé, se canalizó en la “revolución de los derechos”.
Además de la apertura de mercados para el agro, otro de los logros en política exterior fue una mejora parcial en las relaciones con Argentina al inicio de su mandato que generó el 19 de junio de 2010 el levantamiento del corte al puente internacional San Martín, que une Fray Bentos con Puerto Unzué. El paso fronterizo estaba bloqueado desde 2007 tras el conflicto binacional por la instalación de la pastera Botnia en tierra uruguaya. Sin embargo, su “política del abrazo” también le trajo varios dolores de cabeza.
Acuerdos con oposición
Por primera vez en 20 años el oficialismo integró a la oposición al Poder Ejecutivo a través de los directorios de empresas públicas y servicios descentralizados. Además dirigentes de otros partidos políticos tuvieron voz y voto en el Consejo Directivo Central, y los directorios de la Administración de los Servicios de Salud del Estado y el Banco de Previsión Social. Cerca del fin de su mandato, Mujica opinó que a la oposición le “faltó madurez” para integrar esos órganos.
Pese a esas críticas y enfrentamientos que se sucedían a diario por el alto perfil mediático del presidente, uno de sus principales aliados políticos fueron los intendentes, en su mayoría opositores. Primero, al firmar el acuerdo por la patente única. Luego, los jefes comunales blancos de Alianza Nacional presionaron para que los senadores de ese sector votaran en el Parlamento la creación por mayoría especial de la Universidad Tecnológica en el interior del país, un proyecto educativo que obsesionó a “un viejo cabeza dura” –según sus palabras– nieto de inmigrantes vascos.
Este artículo forma parte del suplemento especial "El lustro del Pepe", publicado en la edición papel de El Observador, en el que se realiza un balance de su gestión desde el análisis y la opinión.
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