Guzmán Fermín llama a Danilo Medina “vanidoso, egocéntrico y falso líder”

Santo Domingo.- El exdirector de la Policía Nacional, Rafael G. Guzmán Fermín, llamó al presidente Danilo Medina “vanidoso, egocéntrico y falso líder”.  A través de su artículo, “Enfoque: Danilo Medina, vanidad y egocentrismo” publicado en el Listín Diario, Guzmán Fermín ”pretende sacar a la luz las causas reales de esta catástrofe política, hurgando dentro de la personalidad oscura de Danilo, que provocó el fracaso electoral más desastroso, estrepitoso y humillante de la historia política dominicana, no obstante haber recibido advertencias y alertas tempranas”.

Enfoque: Danilo Medina, vanidad y egocentrismo
Rafael G. Guzmán Fermín
Sobre Danilo Me­dina se ha escrito muy poco, y aunque en estos días se esté debatiendo públicamente sobre su papel de único responsable de la derrota vergonzosa del PLD y de las causas que la originaron, la mayoría de los comentarios se han enfocado en los aspectos políticos externos.
Por esta razón, este aná­lisis pretende sacar a la luz las causas reales de esta ca­tástrofe política, hurgan­do dentro de la personali­dad oscura de Danilo, que provocó el fracaso electoral más desastroso, estrepito­so y humillante de la histo­ria política dominicana, no obstante haber recibido ad­vertencias y alertas tempra­nas.
Para iniciar quisiera advertir que, si alguna vez se ha encontrado con una persona que se creé superior e infalible, que demanda constantemente de la aprobación y admiración de todos y a la más mínima crítica reacciona a la defensiva, tenga mucho cuidado, pues estas son características que definen a una persona nar­cisista, tóxica y peligrosa.
Con una personalidad así, como falso líder, fue que el otrora poderoso PLD, cayó en un tsunami de mentiras, engaños, manipu­laciones y humillaciones, características típicas de la que estos sujetos se valen para lograr sus objetivos ocultos, las cuales describen a la perfección al verdadero Danilo Medina, lo cual pre­tendo intentar analizar en este artículo.
El narcisismo alude al mito griego sobre el joven Narciso, quien se enamo­ró desenfrenadamente de su propia imagen reflejada en el agua y que finalmente se ahogó al pretender besar­la. En el lenguaje coloquial se designan estos rasgos co­mo vanidad cimentada en su propio ego, lo cual explica por qué Danilo Medina junto a su PLD se “ahogaron” en las aguas profundas de su ego­centrismo incontrolado.
Los perfiles de este narci­sismo patológico, como diag­nóstico en psiquiatría, son representados por baja autoestima, acompañada de una desmesurada sobreva­loración de su propia importancia, de la subestimación de los demás y del uso exa­gerado de pronombres po­sesivos: yo, mí, mío y conmigo. Por ejemplo, cuando en su discurso de campaña y sin ser candidato dijo ¡yo les aseguro que yo gano estas elec­ciones! O cuando se refería a “mi gobierno”, “mi congreso”, “mis senadores”, “mis di­putados”, “mis alcaldes”.
Es un ser envidioso de los demás, especialmente de los talentosos como Leonel Fer­nández, también cree que los otros le tienen envidia, que carece de empatía al no identificar las necesidades y sen­timientos de los demás, y es opuesto a reconocer éxitos ajenos (¡yo lo he hecho me­jor que él!).Su hambre insaciable de reconocimiento se asila en la constante necesidad de tener una supuesta buena imagen de su fachada falsa, por eso el gobierno que aún encabe­za gasta cientos de miles de millones de pesos del presupuesto nacional en la compra de publicidad, “altavo­ces” y plumas de alquiler con el objeto de alimentar su ego recrecido y así aparecer en las encuestas como el “presidente mejor valorado del mundo”, y de ser el líder que nunca fue, pues su liderazgo actual se lo ha proporcionado la nómina pública del cargo que ocupa, no su carisma artificioso.
Otros rasgos de estos per­sonajes, que son caracterís­ticos del presidente saliente, son la ambición, soberbia, codicia e ingratitud especial­mente excesivos, además de sentir siempre la necesi­dad de proyectar al mundo una imagen fantasiosa e in­suflada de sí mismos, pues necesitan que los demás los consideren como alguien extremadamente notable, competente y prestigioso. Según la ciencia, la razón de este deseo de grandeza se da porque estos persona­jes entienden que con ello podrán compensar su pro­pia inseguridad y su profun­da falta de autoestima, y de este modo demostrar que su valoración personal no es inútil, por tanto, el narcisis­ta, aunque lo sepa disimu­lar bien, no es nada más que una fachada de una torre va­cía o una copa de cristal re­vestida con una frágil lámi­na de oro de fantasía.
Para estos sujetos afianzar su categoría de superioridad artificial estarán dispuestos a “sacrificar” a quien sea con tal de lograr ser más impor­tantes de lo que realmente son, y lo vimos actuar en su enfermiza persecución con­tra quien le dio poder, rique­za, relevancia y finalmente lo “hizo” presidente de la Repú­blica. ¿Cómo lo hacen?
Manejando a las personas con quienes trabajan como simples peldaños de la esca­lera por donde han de subir para lograr su mayor propó­sito, el de acrecentar su ima­gen social; y como buenos manipuladores, saben per­fectamente que no todos a su alrededor pueden alimentar su ego en igual medida, por eso se quedan con aquellas personas que los aprueben, les admiren y les complacen en todo, tal como los perso­najes del libro “La mancha indeleble”, de Juan Bosch, en donde un grupo de personas para entrar a un lugar deter­minado tenían que dejar sus cabezas en la puerta.
Astutamente se presen­tarán como una persona sencilla, excesivamente en­cantadora, y les ofrecerán grandiosas ilusiones si hacen lo que desea. También es­tarán dispuestos a escuchar “pacientemente” las necesi­dades de sus colaboradores, pero con este acto lo que está haciendo el narcisista es re­unir información de sus vícti­mas para de esta manera to­mar control, seducir y luego engañar hasta llegar a la ex­torsión. En este grupo de víc­timas engañadas podemos destacar a los “alitas cortas”, a los que les impuso de ma­nera taimada y vil a un “po­llito sin alas”, pero dotado de una larga “cola”.
De hecho, en ese interior retorcido las promesas casi siempre son falsas, su pacien­cia es corta y su capacidad de escuchar pasajera, pues tar­de o temprano aflora su arro­gancia autoritaria en su com­portamiento frío, calculador, maquiavélico y sinuoso, y como buen francotirador, apunta sus dardos envenena­dos sobre aquellos seres con­fiados, desprevenidos e in­genuos, cuando se oponen u obstaculizan sus planes.
Otras de las características de los narcisistas como Da­nilo Medina, es que se sien­ten cómodos en medio de los conflictos, pues tienen la habilidad de planificarlos fríamente, como un medio de utilizar el miedo y el odio como factores inductivos de  control social, ya que esto refuerza en ellos su burbuja de grandeza y a la vez mani­pula a los demás, situación que podemos ver en el uso del narcotraficante Quirino, para destruir el líder natu­ral del PLD, controlar el Co­mité Político y lograr su re­elección; los espectaculares y humillantes arrestos del caso ODEBRECHT; la veja­ción pública a la prestigiosa jueza Miriam Germán, para controlar la justicia; y el uso abusivo de los recursos del Estado para imponer a su “penco” candidato utilizando el miedo a la crisis sanitaria del COVID-19 para acorralar a la oposición política.
En este contexto, recono­cerán a un narcisista ante su evidente incapacidad de ad­mitir sus propios errores y nunca dar signos de arrepen­timiento ni pedir perdón, a menos que sienta que algu­no de sus títeres favoritos se distancie y pueda perderlo, lo que equivaldría a dejar al descubierto que su autoesti­ma es tan frágil como una va­jilla barata, su ego tan gran­de como campo de golf y su envidia más tóxica que el cia­nuro.
Concluyo dejando cla­ro que este tipo de mega­lómanos, al llegar al poder se quitan su careta falsa, se vuelven tiránicos y con el paso del tiempo reducen su círculo íntimo de mani­pulación y caen en el aisla­miento, en la desconexión de ver la realidad objetiva, donde nadie de su anillo se atreve a decirle la verdad por temor a su ira, enton­ces es la tormenta perfec­ta para cometer todos los errores estratégicos que los conducirá inexorablemen­te a la ruina.
Danilo Medina, el empe­rador del narcisismo, pasará a la historia oscura de la po­lítica criolla como el prototi­po de la vanidad y el egocen­trismo, que se lleva consigo el nada envidiable mérito de haber reducido la podero­sa e “invencible” maquinaria del PLD a un puñado de seres temerosos y pusilánimes aco­rralados en su Comité Políti­co, con el agravante de que al vanagloriarse innecesaria­mente mediante una espiral de locura, acabará inhabili­tado moralmente de por vi­da, derrotado, impopular y con su carrera política sepul­tada en el vertedero de la his­toria.

El autor es miembro del Círculo Delta. fuerzadelta3@gmail.com

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