¡Los Legisladores dominicanos son, a este respecto, muy originales!
Todas las leyes son aquí importadas, no hay ninguna del país, autóctona, como suele
decirse a veces; leyes dictadas de acuerdo con el carácter y las costumbres de este
pueblo infeliz.
Aquí se prohíbe lo que está prohibido en los países civilizados y está autorizado todo lo que
está en aquellos.
De esto resultan anomalías que dan risa.
Todos los años sale de las Cámaras una lluvia de leyes nuevas y se suprimen o derogan otras tantas.
No hay, pues, ni método, ni unidad y sí mucho de lo que abunda en las cabezas vacías, que aquí se
suelen contar por millares.
Señora, el legislador dominicano es un tipo curioso, alto o bajo de estatura: blanco. indio o
moreno de color; delgado o grueso; feo o buen mozo; que estos son los caracteres variables o
comunes; su aspecto no es del todo desagradable y hasta parece un hombre civilizado.
Sus características, como dicen los biólogos, son las siguientes: gran lector de novelas,
periódicos de información y de Gacetas Oficiales.
Este es todo el alimento que nutre sus cerebros; además, baila bien, frecuenta los sitios públicos y
fuma, fuma y charla que es una barbaridad.
¡He cambiado mucho! Mi cabeza aún no ha encanecido; pero mi corazón ha perdido
parte de su energía; los resortes de mi voluntad se han enmohecido;
una anemia intelectual me está acabando.
Noto semejanzas entre mi modo de considerar las cosas, es decir, entre mi filosofía y la de algunos animales, hasta el punto de que solo vivo para comer, por el estómago, vida vegetativa.
¿Acaso obedecerá esto a las influencias del medio en que me encuentro?
He nacido a la vida de la razón, señora, en una época corrompida, en un país desgraciado, infeliz, sin razón de ser.
Hace muchos años que estoy buscando un ciudadano de ideas levantadas y de sentimientos
superiores; un hombre serio, decente, culto, que haga lo que sienta y piense correctamente,
que tenga conciencia, se lave las manos y los demás miembros.
Pero ese hombre no se encuentra.
¿Quién es en esta época y en esta latitud completamente sincero?
La hipocresía ha sustituido a todos los dioses y a todos los mitos.
La sinceridad no es humana, afirma un almanaque que leí hace algún tiempo y el cual no es precisamente el de García.
Hermanos, de la capital de la República, que, sobradas noticias de
agricultura y datos astronómicos posee, para ocuparse en cuestiones de filosofía.
Este pasaje fue tomado del libro "Cartas A Evelina" escrito hace mas de cien años por el doctor Francisco Moscoso Puello.
Cree usted que ha cambiado mucho el legislador dominicano
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Saludos a todos