Por Carlos J Tejeda: La crisis, en su origen etimológico, proviene del griego “krísis”, cuyo significado es “separar o decidir”. En su sentido más práctico describe situaciones que producen cambios significativos y muy marcados en un proceso.
Estos cambios traen consigo reacciones que pueden ser favorables o perjudiciales, es por ello que el científico estadounidense de origen alemán, Albert Einstein, entendió la crisis como una oportunidad que “trae progresos”.
Para que no sea una tragedia, según el propio Einstein, no se puede actuar con negación a ella, porque “la verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia”. Este último término, incompetencia, es el que ha imperado en la justicia dominicana en períodos recientes y es precisamente la negación a la que se ha incurrido, tratando de minimizar los problemas acaecidos en uno de los tres poderes del estado dominicano.
Mariano Germán, Presidente de la Suprema Corte de Justicia y del Consejo del Poder Judicial, ha expresado que es una “ínfima minoría” la que ha provocado revuelo y escándalos, retándoles importancia o descalificando la posición de una parte de la población.
No obstante, el propio Germán en un hecho sin precedentes en la historia del poder judicial del país y confirmando un acontecimiento del que la opinión pública se hizo eco; “en los diferentes medios de comunicación pública se han estado debatiendo los juicios disciplinarios a cargo de cinco jueces y de un exjuez y ex miembro del Consejo del Poder Judicial” expresó en conferencia de prensa del 23 de noviembre del 2015.
Nos cuesta creer que la justicia no está en crisis cuando miembros de la institución están siendo procesados por aceptación de sobornos y otras irregularidades. Es casi una ecuación incierta y pone en tela de juicio a los padres de la estadística cuantitativa moderna, que establecen que el tamaño de la muestra es insignificante, porque lo que cuenta es impacto del resultado en el resto de la masa poblacional.
Si por un lado se niega la ineficacia del poder judicial y por otro se califican como hechos que “han estremecido al país, han llevado a cuestionarnos sobre los valores y principios que deben tener los actores del sistema de justicia, han causado pesar, vergüenza, muchas veces, malestar y una profunda preocupación en el presente y en el futuro de la judicatura nacional” (Fragmento del discurso de Mariano Germán en conferencia de prensa del 23 de noviembre 2015).
La crisis del Poder Judicial es innegable, es tan obvia que los corruptos pululan en las calles, mientras el resto de la población vive en la sombra del miedo, porque como dijo el escritor y periodista uruguayo, Eduardo Galeano: “la corrupción está minando este país. La virtud, el honor y la ley se han esfumado de nuestras vidas”.
Nuestra esperanza se afianza en la afirmación de Einstein: “sin crisis no hay desafíos…callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla”.
Es cierto que la justicia no ha colapsado, pero no menos cierto es que existen problemas serios que ameritan soluciones reales, para que el pueblo dominicano retome la confianza en uno de los pilares de una sociedad en democracia.
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